
La literatura se dice que es un arte, porque está enfocada a provocar una reacción en el espectador, una reacción que se logra mediante el uso de la función expresiva y poética del lenguaje. Y es que lo que diferencia la literatura de otros textos es la intención, tanto autodifusiva como artística, así como la ficción, y es que no significa que los textos literarios sean fantásticos, sino que cuando decimos que un textos es ficticio es porque no narra algo tal y como sucedió, sino que en ocasiones puede estar basado en hechos reales pero, por ejemplo, por desconocimiento de datos se inventan conversaciones, datos, etc.

De igual manera nos topamos con la subliteratura, y si algo teníamos claro era que este tipo de literatura estaba por debajo de la “literatura” propiamente dicha. Nos explico nuestra profesora que fue Umberto Eco, un catedrático italiano, quien distinguió la literatura de la subliteratura, excusado en que la subliteratura era un tipo de literatura que empieza a crearse a partir del siglo XX como un mero producto de marketing; es decir, ya no se crea literatura únicamente para hacer sentir al espectador, sino que es mucho más importante que sea comercial y se pueda vender lo más posible.
Olvidado un poco el tema que en un principio nos abarcaba, retomamos nuestra primera cuestión: ¿qué es la literatura infantil? Y bien, la literatura infantil es aquella que además de cumplir lo anteriormente dicho, va destinada a edades comprendidas entre los doce primeros años de vida. Debido al momento evolutivo en el que se encuentran estos niños, este tipo de literatura trata temas respectivos a la socialización; es por ello que se considera literatura de género. Además es una literatura de receptor implícito, es decir que cuando el escritor escribe está pensando en destinarlo a un tipo de receptor específico.
Por último y cerrando el tema hablamos de que la historia de la literatura infantil es inexistente hasta finales del siglo XVIII, porque anteriormente no se tenía en cuenta a los niños, y a partir de que podrían valerse por sí mismos se les empezaba a considerar como adultos, y es por eso que nos se hacía distinción en la literatura respecto a los tema que pudiesen interesar a los niños y a los adultos. Además hasta este momento muy poca gente sabía leer, simplemente la clase alta y en todo caso la media. Sin embargo sí que existía la literatura didáctica, un tipo de paraliteratura pensada para educar mediante la forma que tienen los adultos de pensar. Y es a partir de finales del siglo XVIII cuando empiezan a abrirse más escuelas de educación primaria, letras y números. Por ello en el siglo XIX se reafirma el concepto de literatura juvenil, cuyo exponente más claro es Julio Verne, que crea literatura de aventura con ciencia ficción, o con amor, etc.